30 DÍAS
No contento con comer Big Macs durante un mes seguido y registrar su deterioro físico en Super Size Me,Morgan Spurlock vuelve a poner a prueba a otras personas y a él mismo en una serie de docu-realities. Desde una madre que toma alcohol en exceso para que su hija tome conciencia del mal que se provoca, hasta un red neck católico, militar y homofóbico que vive durante un mes en San Francisco, la ciudad más gay de EE.UU.
Por Camilo Salas

Para Morgan Spurlock, Super Size Me(04) fue una catástrofe para su cuerpo, pero el mejor golpe nutricional para su carrera: le valió una nominación al Oscar, y todo tipo de críticas. Buenas y malas, pero críticas al fin.
Al otro día de la entrega de la estatuilla (que, a todo esto, no obtuvo) comenzó un nuevo experimento de 30 días. Se mudó junto a su señora a Columbia, Ohio, con la idea de trabajar por el salario mínimo (300 dólares a la semana, cuatro veces el salario mínimo chileno) y ver cómo les iba. Como en Super Size Me, también se impuso reglas. La primera fue buscar trabajos que pagaran el salario mínimo y deshacerse de sus tarjetas de crédito y bancarias.

Así comienza el primer capítulo de “30 Días”,la serie que comenzaron a dar por FX este mes y que en EE. UU. va en la tercera temporada. Cada programa es un pequeño documental de una hora en formato reality que muestra los 30 días de forma correlativa. Spurlock hace la voz en off y nos da información relativa al experimento que está viviendo o documentando.
Son 6 capítulos por temporada y, aparte de la premisa básica (30 días haciendo algo “extremo”), comparten el mismo sentido del humor del documental favorito de Ronald McDonald. Si el primero refleja los problemas de vivir con lo mínimo, el segundo muestra a un norteamericano promedio sometiéndose a un proceso anti envejecimiento que lo deja con disfunción eréctil, en el tercer episodio un católico vive entre musulmanes, en el cuarto un homofóbico vive la vida loca en un barrio gay de San Francisco y los últimos dos corresponden al de una madre que toma alcohol para que su hija universitaria deje de hacerlo y a un par de heavy users de petróleo y electricidad que dejan la vida acomodada para vivir un mes en el campo.

La gracia es que Spurlock no pontifica, sólo muestra lo que les ocurre a sus conejillos de indias. En el capítulo donde la madre se pone a la par de su hija en capacidad etílica, muestran cuánto beben en promedio los universitarios gringos (4 vasos de alcohol por salida, cuatro salidas por semana) y le dan la misma dosis a la dueña de casa. A poco andar, todo anda patas para arriba: se despierta a las seis de la tarde, no cocina, ni lava y sale con sus amigas a carretear. ¿Y la hija? Feliz. Se la topa en una fiesta incluso. Claro que el hermano de ocho años pide que paren con la prueba porque siente que ya no tiene familia.
Pero no todo es tan extremo, hay imperdibles hilarantes como ver al homofóbico bailando sin polera en un club gay o al católico militante respondiendo en una radio musulmana si durante su experimento había visto actividad terrorista. Lo que los seudosociólogos llamarían “la América profunda”, en formato Super Size Me.
30 Días. Viernes a las 00:30 por FX.
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